Oración Intercesora

“Por eso oramos siempre por vosotros, que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamado, y mediante su poder cumpla todo buen propósito vuestro y todo acto impulsado por vuestra fe” 2 Tesalonicenses. 1:11

En la oración intercesora morimos a nosotros mismos para vivir para otros. Es una forma de crucificar el yo. No es nada fácil, Dios sabe cuánto mal nos haría si nos diera todo lo que le pedimos. Somos tan dados a gloriarnos en nuestros logros, que Dios ha dispuesto que la respuesta a la oración intercesora no produzca vanagloria. Para esto se aseguró de llevar los corazones al quebrantamiento antes de responder nuestras oraciones; así, Él es el único digno de ser alabado por sus obras.

Una vez que el intercesor prueba la victoria, se enamorará de ella; luego no escatimará esfuerzos en pro de nuevas conquistas. Buscará, llamará con insistencia, porque sabe que cuenta con la confianza de ser amigo de Dios. Sabe que en su Dios están todos los recursos del cielo, y, por último, sabe que no le viene a pedir para sí sino para otros. ¡El cielo espera vuestras súplicas!

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